Pasatiempos
En los últimos años ha cambiado mucho mi vida.
Ya no soy una estudiante, ni vivo con mi hermana, ni soy tan alegre, ni tan inocente. La ilusión que llenaba mis días de sonrisas no siempre me acompaña.
A eso se le llama crecer.
Aun así procuro mantenerme optimista y alegre.
Para eso nos sirven los hobbies. Algunos hacen música, otros dibujan, otros hacen deporte... Yo he ido probando cosas pero, ya lo he dicho, no soy muy constante. Nunca me he caracterizado por ser una persona ambiciosa, o con metas, así que nunca me he centrado en ser la mejor en nada. Eso me ha convertido en una persona un poco ambigua, pero al menos sé un poco de todo aquello que me ha interesado.

Ya se ha cumplido el primer mes de cuarentena y no hace falta irse muy lejos para ver a esa gente que ahoga sus penas en alcohol y series de suscripción. ¡Ah! No podemos olvidar las redes sociales, ese gran conocido. Solo tienes que salir al balcón o asomarte a la ventana para darte cuenta de que estamos encerrados, aburridos y desesperados.
Sin embargo, yo no he estado tan bien en mucho tiempo. Ahora tengo mucho tiempo libre, una subvención que me paga mis gastos y la obligación de no ir a trabajar. Y todo eso me ha llevado a volver a dibujar, a jugar a videojuegos, a descubrir lo divertidas que son las partidas de rol incluso por Skype y a darme cuenta de la gente tan amable y generosa que me rodea.
Puede que haya tenido que dejar a medias muchos planes, pero me han llevado a intentar otros nuevos. Incluso he vuelto a escribir, y heme aquí, contando mi vida ante un público silencioso y ausente.
Resulta terapéutico desconectar aunque sea un momento de tu vida y centrarte en otra cosa: un baile, una historia de un libro, esa película que tanto te gusta o esos deliciosos brownies que siempre quisiste aprender a hacer. Por eso he vuelto a escribir, para retomar el hábito de escupir lo malo y recordar lo bueno ya que, al fin al cabo, estamos biológicamente preparados para recordar lo malo por encima de lo bueno, y tener estas pocas líneas me sacarán una sonrisa en los momentos más bajos.
En el fondo siempre he sido una romántica, de las que disfrutan con el tacto de las hojas de papel, el sonido de la lluvia al chocar contra el cristal de la ventana y el olor del café recién hecho. Esto me hace ser más sensible de lo que me gustaría muchas veces, como cuando lloro porque veo una escena bonita en una película de animación.
No pretendo ser otro discurso cursi, pero me he dado cuenta de que a veces nos cuesta apreciar esas cosas que nos hacen la vida más llevadera y nos sacan una sonrisa sin darnos cuenta, y estoy intentando aprender a mirar otra vez.
Lo advertí, soy una romántica, de las que lloran cuando están felices y callan cuando están tristes.
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