Fotosíntesis

Cuando tenía 14 años, me encantaba ponerme al sol cuando aun hacía algo de frío, y dejar que se me pusiera la piel de gallina por el contraste. Me quedaba parada con los brazos en cruz y mirando al cielo con los ojos cerrados, y decía que era mi forma de hacer la fotosíntesis. 

Estos días echo de menos hacer la fotosíntesis. 

A pesar de todo, sigo saliendo de vez en cuando al balcón, con un libro y un cigarro. No todo lo que me gustaría, la cuarentena y mi espíritu de búho me hacen perderme más mediodías de los que quisiera. 


Y qué bien sienta.

Creo que, a pesar de no haber pasado mucho tiempo en el campo, o al aire libre (no fui a campamentos de verano, no hacía acampadas con amigos) si que encuentro reconfortante el hecho de parar cinco minutos tu vida simplemente para respirar.

Ya dije que era una romántica, que piensa que la felicidad está en las pequeñas cosas y que los pequeños gestos son los que construyen grandes sociedades. Puede que sea una soñadora, pero a veces pararte un momento a pensar en todo lo que nos rodea, y en agradecer todo lo que tenemos, por minúsculo que sea (un techo, una familia, unos amigos, tu mascota, la libertad de poder hacer ciertas cosas, esa comida que tanto te gusta...) hace una diferencia respecto a cómo ves la vida. 

Me he dado cuenta de que mucha gente se preocupa más de lo que tienen los demás (o de lo que no tienen ellos) en vez de reflexionar sobre lo que sí que tienen. Yo tengo la suerte de tener unos padres que me quieren, con los que hablo todos los días y no todo el mundo puede decir eso. Mi pareja tiene una relación fraternal con su hermano que, por ejemplo, yo no pude desarrollar con mis hermanos por ciertas circunstancias. Pequeñas cosas que damos por hecho, y que deberíamos apreciar y no lo hacemos. Ahora mismo yo me puedo permitir perder cinco, diez, veinte minutos de mi vida escribiendo estas líneas, o leyendo un libro en mi balcón. No todo el mundo puede y por eso estoy agradecida. 

He pasado momentos muy oscuros, no por la gravedad de los mismos, sino por la percepción que yo creé respecto a ellos. Soy una persona que, en ocasiones, se abruma con facilidad y entra en un agujero absurdo del que le cuesta salir. Por cosas que ni son tan importantes ni tan irremediables. Y, por eso, cuando hace sol, me gusta salir, pararme con los brazos en cruz y mirar al cielo con los ojos cerrados, y hago la fotosíntesis.  

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